EL BARRACÓN COLORAO

4.3.09

Vista actual del Barracón Colorao, en el que se encuentra la empresa Seafood Sevilla S.L.(imagen tomada de http://www.seafoodsevilla.com/

Si el Puntal tenía la piscina de Isla Mínima, los de Maquique teníamos el Barracón Colorao, que por ciertos ¡qué lejos estaba de Maquique!, al menos en mi memoria infantil.
Para los niños y niñas de la década de los 70, el Barracón Colorao era un auténtico polideportivo. Al menos una vez a la semana era obligado ir al Barracón a merendar y a jugar, principalmente al tenis y al frontón.
Cargadas con nuestras meriendas, casi siempre un hoyito con aceite y azúcar, y con nuestra cantimplora de “ancá Pedrito Ríos” (por cierto, era llenarla de agua, colgártela y, rápidamente, romperse la correa blanca) nos dirigíamos a nuestro lejano polideportivo.
Allí nos reuníamos los pequeños y también los zagalones, e incluso algún que otro padre que, como es natural, solía poner orden, a modo de improvisado árbitro o juez de silla, en las múltiples disputas que se originaban en los partidos de tenis.
También recuerdo conflictos cuando los del fútbol llegaban, y con trozos de barro seco de las tablas de arroz, latas de insecticida o cualquier otro objeto, se adelantaban a aquellos “manolos Santana” y construían su campo de fútbol, aquello era la guerra…. Al final, y de manera milagrosa, allí cabíamos todos.
Lo mejor era que no necesitábamos vestuarios, en aquella época no se llevaba el chándal ni las zapatillas de deportes, esa moda vino después. Unos gorila como Dios manda para todo y para toda la vida (¡cuántas pelotitas verdes!, por cierto muy útiles para el tenis.
Otra cuestión importante a debatir en aquellas tardes de “gira” era el turno de las raquetas, no todo el mundo las tenía y, así, comenzaba todo un verdadero trabajo de negociación para que alguien te prestara un ratito la suya.
Allí hemos pasado muchos niños y niñas de Maquique tardes maravillosas, cuando ser niños era diferente, cuando éramos niños que jugábamos a la villarda, a los trompos, al zurro que te vi…
Aún hoy no entiendo porqué mi madre no me dejaba ir al Puntal y sí al Barracón Colorao de gira para merendar.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo también iba al Barracón me ha hecho gracia recordarlo y es cierto estaba muy lejos. Un saludo desde Maquique